~ Parada Literaria

jueves, 4 de marzo de 2010

Rafael Sánchez Ferlosio: "La cultura es un medio de control social"


Rafael Sánchez Ferlosio obtiene el Premio Nacional de las Letras Españolas por su obra ensayística y narrativa.

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS

"Alterno poco y cuando alterno, parloteo". Rafael Sánchez Ferlosio estaba ayer especialmente locuaz. Agobiado por las cámaras que le esperaban en la puerta del ascensor de la sede madrileña de Destino, su editorial de toda la vida, el escritor sacó una linterna del bolsillo. Para defenderse de los flases -anda mal de la vista- o para buscar, como Diógenes, un hombre honrado. No entendía la prisa de los periodistas. "¿Por qué no nos vemos mañana [por hoy]? Esto no es lo del barco [por el Alakrana]", había dicho a sus editores. Acababa de ganar el Premio Nacional de las Letras, que distingue el conjunto de la obra de un autor español.

"No volveré a escribir novelas. Tengo ya la cabeza en otra cosa"

"Se ha adueñado de la política el viejo personalismo español"
Lo curioso es que el premio pequeño llegó en esta ocasión detrás del grande, o del mayor que puede recibir un autor en lengua española, el Cervantes. Sánchez Ferlosio (Roma, 1927) lo obtuvo en 2004. Es la segunda vez que un autor galardonado con el Cervantes (abierto también a Hispanoamérica) recibe el Nacional de las Letras (limitado a España). El primero fue el dramaturgo Antonio Buero Vallejo que los recibió en 1986 y 1996 respectivamente. Autores como Francisco Ayala, José Hierro, Miguel Delibes, José Jiménez Lozano y Francisco Umbral también recibieron los dos, pero obtuvieron el Cervantes en segundo lugar.

Con los 40.000 euros del galardón Ferlosio piensa "hacer obras" en su casa de Coria (Cáceres). Era de su bisabuelo y después lo fue de su padre, Rafael Sánchez Mazas. Ahora la usa él. Entre Coria y Madrid, precisamente, está firmado su último libro, "Guapo" y sus isótopos, un ensayo cuyo punto clave, insiste su autor, "está en la página 98". Allí se determina cómo, frente a sinónimos como mono, lindo o bonito, la palabra guapo -cuyo origen viene de rufián- sólo se refiere a las personas. "Puñeterías de lingüista", sostiene.

El encuentro del autor de El Jarama -"una novela que aborrezco; era una gratuidad"- se convierte en una clase, improvisada, atropellada y brillante, sobre semántica. Dice Ferlosio que compuso su último ensayo a partir de notas de los años setenta. También dice que ha vuelto a entusiasmarse con la lingüística. Eso sí, duda que vuelva a sumergirse en ella con la "obsesión", química e intelectual, de entonces: "Ya no hay anfetaminas, que te pueden hacer decir disparates pero provocan una reflexión formalista que es útil para la gramática. Una vez, con Agustín García Calvo, vi un descendimiento de Cristo en las manchas de la pared".

El entusiasmo por la lingüística "no se dará con la narración", dice rotundo. ¿No querría más lectores? "Lo que uno quiere son libros, no lectores. Aunque claro que me gustaría que estas cosas interesaran a la gente". No es que se sienta más ensayista que narrador: "Son los asuntos los que tiran de mí. Y ahora tengo la cabeza en otra cosa: la guerra, los desastres políticos y militares...".

En ese momento, la charla con el autor de La hija de la guerra y la madre de la patria y God & Gun, se centra en la política. De la nacional le subleva "la incompetencia del Gobierno y de la oposición". También el hecho de que la discusión no sea sobre ideas sino sobre personas (Camps, Aguirre), ni siquiera sobre partidos: "El viejo personalismo español se ha adueñado de la política". Tampoco entiende el empeño por Afganistán de Carme Chacón, ministra de Defensa: "Si hasta Obama duda". El que duda de Obama es el propio Ferlosio: "No está haciendo nada. Tendría que haber roto con Israel por los asentamientos en Cisjordania, pero ha cedido".

Sobre su viejo proyecto de ensayo contra el deporte dice que tiene "muchos papelitos" con "cientos de argumentos", pero que le cuesta encontrar el orden. Y las fuerzas: "Estoy viejo, Me voy a morir pronto". Después de lanzar una andanada contra las pretensiones olímpicas de Madrid, el escritor toma impulso cuando se le pregunta por su opinión sobre el panorama cultural español: "No debería ser desagradecido, pero hay demasiadas funciones, museos, ceremonias, inauguraciones". Al recordar los fastos del quinto centenario del descubrimiento de América, al que él dedicó el demoledor ensayo Esas Yndias equivocadas y malditas, Ferlosio recordó la pretensión de celebrar 50.000 actos culturales: "Pavoroso. En todas partes la cultura ha sido siempre un instrumento de control social".
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"En España nos faltó la guillotina"


Arturo Pérez Reverte
"En España nos faltó la guillotina"

Antes de que trescientos mil ejemplares de El asedio (Alfaguara) tomen el próximo miércoles las librerías de España, Arturo Pérez-Reverte se fue a navegar solo, “nada, fui a Ibiza y volví”, para pertrecharse de la soledad y los silencios que le van a faltar en la vorágine de promoción en la que ya está metido. Ha trabajado duro dos años, dice este marino lector “que ocasionalmente escribe novelas”. Dos años de ensamblaje, después de tanto ir y venir, y leer, y pisar Cádiz. Cuenta Pérez-Reverte que El asedio es una novela moderna con personajes y sucesos de dos siglos atrás. Con esa vehemencia imposible que se gasta, cuenta, como verán, muchas más cosas. El Cultural publica hoy en exclusiva un capítulo de la novela.


Ha escrito Pérez-Reverte una novela con todos los palos de su baraja y los triunfos que viene acumulando de sus partidas anteriores. El asedio es una novela de misterio, de mar, de amor, de política, de ciencia y de historia de España, por decirlo a la velocidad con la que Arturo habla. Es el relato de un gran fracaso. La historia de un mundo que se acaba y otro que no llega a nacer. Poblada de personajes con vidas derrotadas, entre los que destaca esa Lolita Palma que bien pudiera ser una Jane Austen enamorada del Cayetano Rivera de la época. Comerciantes avispados, artilleros franceses, jovencitas asesinadas, corsarios, policías corruptos y mucha pólvora completan la escena. Ya se sabe que en las novelas de Pérez-Reverte pasan muchas cosas. Estamos en la Cádiz de 1811.

- ¡Qué Cádiz! ¿Era, efectivamente, la ciudad más liberal de Europa?
- Lo era, lo era. Pero esta novela podía haberla situado en Troya, en el Leningrado cercado por los nazis, en el Madrid de 1936 o en el Sarajevo del 92. El problema que se plantea es un conflicto moderno. Pero Cádiz me daba unas características especiales: es una ciudad sometida a los vientos, con una topografía muy definida que no ha cambiado apenas en dos siglos: pones un mapa de hoy sobre un mapa del siglo XVIII y coincide casi exactamente. Todo eso me permitía moverme por ella con mucha seguridad. Es decir, Cádiz tiene esos elementos climatológicos, urbanos, arquitectónicos y geométricos que se adecuaban a mi historia.

"Lo que España tenía que haber sido y no fue"
-Además preparaba una constitución... Históricamente vivía una etapa importante...
- Sí, pero yo no quería contar eso. Eso ya lo contó Galdós y lo contó muy bien, y lo contó Ramón Solís, en Un siglo llama a la puerta, también muy bien. Yo no quería reescribir una novela histórica sobre Cádiz. Habría sido estéril, absurdo... Yo quería escribir mi novela, y que pasara en Cádiz. Una Cádiz que fue el ejemplo de la España que pudo ser y no fue. Donde la aristocracia no era de nobles, ni siquiera de dinero, sino de comerciantes, una aristocracia moderna, comparable a la Inglaterra o la Holanda de entonces, y con una clase dirigente abierta, liberal, que viajaba, que hablaba idiomas, donde la religión no era un elemento determinante, donde la política estaba supeditaba a la economía, y no al revés.

- Y era ese mar, lleno de comerciantes y corsarios, de intrigas, contrabandistas y asesinos el que lo hacía posible, ¿no?
- Sí, claro, ese continuo contacto con la civilización, con la cultura, con el comercio, con la guerra, con lo que venía de fuera, tanto libros como periódicos. Su relación ultramarina con las colonias de América hacía de Cádiz una ciudad especial, que no tenía nada que ver con el resto de España. España era entonces un lugar cerrado, oscuro, donde estaban los curas, los reyes, los ministros, y la aristocracia corrupta y acabada, mientras que Cádiz era moderna, abierta, y era el mar, sí, el que la hacía posible. ¡Me entristecía tanto pensar, mientras manejaba toda esa documentación de la época, lo que Cádiz era, lo que España tenía que haber sido y que no fue por nuestra estupidez de siempre...!

España es un país históricamente enfermo
- Cádiz como metáfora de la gran ocasión perdida. ¿Por qué se truncó la historia?
- Porque España es un país históricamente enfermo. Se ve muy bien en cuanto escarbas un poco en la historia: desde Indíbil y Mandonio, los Austrias, la Ilustración... Hasta ahora mismo... Mira cómo nos estamos cargando la democracia. En cuando se empieza a perfilar una España distinta, esa España que empieza a ser posible, la destruyen los mismos españoles: la arrogancia de unos y el fanatismo de los otros. En Cádiz, los constitucionalistas liberales no supieron ver lo que era posible y no era posible. Quisieron hacer una constitución radical de la noche a la mañana, y eso era imposible. La misma constitución tenía el gen de su destrucción. Y cuando lees las actas de los debates, ves cómo se odiaban unos a otros, cómo se puteaban, cómo usaban la Prensa como arma arrojadiza... cómo ese esquema dialéctico, terrible y destructivo, se va reproduciendo en el siglo XIX, XX y XXI. El oportunismo político ya se da en la Constitución de Cádiz. Es desolador ver cómo el español repite los errores, cómo se carga lo que se le ponga delante.

- ¿Hasta qué punto El asedio es una especie de balance, de fin de ciclo como escritor, después de estos veinte últimos años?
- Sí, lo es. Quería escribir una novela en la que de alguna manera estuvieran todas mis novelas anteriores y cupieran en ella todos mis lectores; no una novela total, que me parece una palabra pedante, pero sí lo bastante amplia como para que cualquier lector de mis distintas novelas tuviera un eco de las otras; una novela, si quieres, de madurez, con todos mis trucos, mi experiencia....

- Y su memoria, su memoria histórica particular...
- Sí, al fondo está España, como siempre. Más diluida que en Un día de cólera, Trafalgar o Alatriste, indudablemente. Pero no es una novela didáctica. Yo no quería contarle al lector lo que era España entonces, sino mover a mis personajes por esa España, de manera que al lector, mientras los acompaña, se le esté quedando pegada casi sin darse cuenta cómo era aquella España y ese mundo fascinante.

La memoria analfabeta es muy peligrosa
Pérez-Reverte se embala. No es que le duela España, es que le indigna su incultura, su falta de espíritu crítico. Se revuelve porque, dice, un país inculto no tiene mecanismos de defensa, y “España es un país gozosamente inculto”. Tiene el escritor en la punta de los dedos las batallas, los hombres, las tragedias que han hecho la historia para apuntalar sus argumentos.

- Mi memoria histórica tiene tres mil años, ¿sabes?, y el problema es que la memoria histórica analfabeta es muy peligrosa. Porque contemplar el conflicto del año 36 al 39 y la represión posterior como un elemento aislado, como un periodo concreto y estanco respecto al resto de nuestra historia, es un error, porque el cainismo del español sólo se entiende en un contexto muy amplio. Del año 36 al 39 y la represión posterior sólo se explican con el Cid, con los Reyes Católicos, con la conquista de América, con Cádiz... Separar eso, atribuir los males de un periodo a cuatro fascistas y dos generales es desvincular la explicación y hacerla imposible. Que un político analfabeto, sea del partido que sea, que no ha leído un libro en su vida, me hable de memoria histórica porque le contó su abuelo algo, no me vale para nada. Yo quiero a alguien culto que me diga que el 36 se explica en Asturias, y se explica en la I República, y se explica en el liberalismo y en el conservadurismo del XIX... Porque el español es históricamente un hijo de puta, ¿comprendes?

- Hombre, Arturo...
- Sí, el español es históricamente un hijo de puta, pero para comprenderlo, para aceptarlo, para quererlo, con lo bueno y lo malo -ahí está también su generosidad, su capacidad de olvidar y de perdonar, de empezar de nuevo- hace falta conocer sus tres mil años de desarrollo y no un pequeño periodo en el cual por sí solo no explica nada.... Me parece muy bien la Ley de Memoria Histórica, pero necesita tener una letra pequeña, un apéndice que la contextualice... Yo soy de Cartagena, y en Cartagena, que era zona roja, hubo de todo, hubo represión brutal de los milicianos y represión brutal de los falangistas. Y a mí, cuando era pequeño, me contaron las dos represiones, las dos; por eso, hablar de unos buenos y otros malos a estas alturas... Cualquiera que haya leído historia de España sabe que aquí todos hemos sido igual de hijos de puta, TODOS.

“¡No me cuentes historias!”
- No sé si sólo es cuestión de incultura...
- Si este país no fuese un país analfabeto, cuando a la gente le dicen: estos son los buenos y estos los malos, diría, ¡no me cuentes historias, que yo sé muy bien de qué estamos hablando, que yo he leído, que sé que no, que sé que los carlistas, y sé que los isabelinos, y sé que Fernando VII y sé que la Constitución, y sé que los nacionales, y los rojos, y sé que los socialistas, y sé que los comunistas... Que yo sé! El problema es que España es un país inculto, España es un país gozosamente inculto, es un país deliberadamente inculto, que disfruta siendo inculto, que hace ya mucho tiempo que alardea de ser inculto, y con gente así, esa Ley de Memoria Histórica es ponerle una pistola en la mano. No estamos preparados para leyes como ésas.

“¿Sabes realmente cuál es mi lamento histórico? Es que aquí nos faltó una guillotina al final del siglo XVIII. El problema de España, a diferencia de Francia, es que no hubo una guillotina en la Puerta del Sol que le picara el billete a los curas, a los reyes, a los obispos y a los aristócratas... y al que no quisiera ser libre le obligara a ser libre a la fuerza. Nos faltó eso, pasar por la cuchilla a media España para hacer libre a la otra media. Eso lo hemos hecho luego, hemos fusilado tarde y mal, y no ha servido de nada. El momento histórico era ése, el final del XVIII. Las cabezas de Carlos IV y de Fernando VII en un cesto, y de paso las de algunos obispos y unos cuantos más, habrían cambiado mucho, y para bien, la Historia de España. Nadie lo hizo, perdimos la ocasión, y aquí seguimos todavía, arrastrando ese lastre que nos dejaron aquellos que sobrevivieron y que no tenían que haber sobrevivido”.

Se acerca un lector devoto, ignorante de la gravedad de la situación, preguntando por su próxima novela. Otro, más tarde, le pide que le firme Cuando éramos honrados mercenarios, que lleva en su mochila. Al escritor le ruborizan los elogios y quiere que termine la escena vaporosa lo antes posible. Aparece el gran tímido que lleva dentro, tan alejado del bravucón que se mete en mil batallas. “Estas muestras de afecto me hacen sentirme mal, sentirme responsable, yo sólo soy un tipo que escribe, que mete mensajes en una botella sin esperar retorno”.

Ajuste de cuentas con el mundo
Siempre he creído que Pérez-Reverte habla como sus rudos personajes, pero que es él quien se parece a ellos, y no al revés. “La literatura -dice- es como el alcohol: nadie pone lo que no tiene. O lo robas, o lo tienes. Y a mis personajes los he hecho yo. No he bebido en fuentes documentales solamente. Es mi propia mirada sobre el mundo la que vierto en los libros. En ellos está mi sentido de la amistad, de la vida, de la muerte, de la lealtad. Creo que soy un escritor coherente”.

-Esa fama tan cimentada que lo acompaña, fama de independiente y libre, también de cierta chulería...
- ¿Y qué tiene de malo eso?
- ...fama de hombre herido...
- Herido no... ¿por qué? Bueno, acaba la pregunta...

- ...de estar en un continuo ajuste de cuentas con el mundo.
- Es que a mí el mundo que he visto no me gusta. Sí, es verdad, estoy herido por el mundo. Mi vida ha sido una sucesión de haitís... Y de Haití es tan culpable el azar como la estupidez de los hombres... y en mi vida, en mis artículos y en mis libros intento ajustar cuentas con el uno y con el otro. Porque a mí me han hecho los libros que he leído y las cosas que he visto. Y los libros me han servido para digerir e interpretar las cosas que he visto. Sin los libros no habría podido sobrevivir personalmente a muchas de esas tragedias que he visto, a Sarajevo del 92, al Beirut del 76, a Eritrea del 77. Esa colección de fotos, de fantasmas, de haitís que tengo en la memoria, sin esos libros como analgésico, como clave, me habría sublevado, estaría disparando contra la gente. Los libros me han dado cordura. Me han hecho digerir lo indigerible. Sin todos esos libros, estaría perturbado seriamente, sería una persona muy desagradable.

Todo Titanic tiene su iceberg
-Las cosas parece que han cambiado poco desde su Territorio Comanche de hace 20 años.
-El hombre moderno se niega a aceptar las reglas: el mundo es un lugar peligroso, hostil, todo Titanic tiene su iceberg, y nos negamos a verlo. La gente se deja timar por las agencias de viaje que hablan de lugares paradisíacos, pero el mundo es un sitio muy jodido. Es que los barcos se hunden, y los virus te infectan, y las balas te matan... es asombroso que la gente se niegue a aceptar que el mundo es un lugar así, pero los viejos lo sabían y nosotros lo hemos olvidado. Mira el cuadro de Brueghel el Viejo del Prado: esos viejos lo sabían, y con nuestra estupidez lo olvidamos todo y pagamos el precio de ese olvido. Y oímos: “¡Que me saquen de aquí!... ¡Que el gobierno intervenga!...” Pero, gilipollas, ¿por qué te has metido?

“El mundo es un sitio muy duro, sí”, remata el escritor, y continúa: “Pero, escúchame una cosa: cualquier médico de urgencias de un hospital, cualquier penalista que se pasea por la cárcel, cualquier chica que trabaje con marginados conocen la dureza del mundo. No hace falta ir a la guerra... Esto que tenemos aquí, en Occidente, es la excepción, el mundo real es aquello. Y ya no estamos preparados para defendernos frente al mundo."

Un trabajo, no un don divino
-Hace tiempo le oí decir que nunca pertenecería al mundo hipócrita, falso, lleno de envidias que es el mundo literario. “Prefiero -recuerdo que decía- estar fuera de todo esto y estoy muy feliz de no deber nada a nadie, en el terreno literario”.
- Ya ves que he sido coherente, que han pasado los años y he seguido mi camino. No debo nada, no, pero por eso no me creo mejor que nadie. Simplemente, no pertenezco a ese mundo; no voy a veladas literarias, ni a Hay festivales, ni a la Feria del libro (aunque a lo mejor este año voy). Me mantengo fuera. ¿Por qué? Porque no lo necesito. No veo que haya relación entre dar un ciclo de conferencias sobre la literatura del próximo milenio y escribir novelas. Y yo escribo novelas. Y trabajo todos los días y lo mejor que puedo. Esto es un trabajo, no un don divino. No soy un artista. Tengo una obligación moral conmigo mismo y con la gente que me lee. Tengo que concentrarme en eso y no ir por ahí teorizando sobre literatura, que me importa un carajo.

- Si, pero ahora es usted académico.
-Ya, pero eso no lo pedí. ¿Quién iba a rechazar ese honor? Estoy encantado, además. Estar entre gente sabia es un privilegio. Dice Javier Marías que la Academia es lo más parecido a un club inglés que ha visto en su vida. Pero no, no es un club, es algo abierto al mundo, a América; es un lugar de trabajo interesantísimo. Formar parte de ese grupo es un honor inmenso.

- ¿Lee los libros de otros colegas, o sólo libros de Historia?
-(Silencio largo, largo) Es evidente que algunos leo. Leo los libros de mis amigos. Leo poco, pero poco por dos razones: primero, porque tengo 58 años y me queda un tiempo limitado. Y prefiero leer historia, o clásicos griegos y latinos, que es lo que me gusta. Ya no leo prácticamente novela, pero releer a Montaigne, a Virgilio, a Suetonio, a Plutarco... eso sí me alimenta, me es útil. Yo voy cambiando, así que siempre me resulta una lectura diferente.

En el making-of de la entrevista se han quedado algunas curiosidades del escritor. Ahí van éstas: “Desde hace 25 años veo dos películas diarias en mi casa”... “De esta novela no sale una película, es demasiado compleja”... “Antes de tener éxito con mis libros, yo era igual de chulo”... “Sé que hay gente que mataría por mí y otra que no me soporta”... “No creas, yo también tengo mis ternuras”...

Y alguna perla más.
Blanca BERASATEGUI

El Cultural
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martes, 2 de marzo de 2010

Carlos Fuentes: “La novela es un género impuro”


Carlos Fuentes tiene 81 años. Quien lo presenta, el escritor y periodista chileno Arturo Fontaine, anuncia que los ha cumplido hace poco. Todos aplauden a modo de felicitación. En el fondo, todos felicitan al hombre que a esa edad habla con una fuerza inusitada, con un ímpetu salido desde su pecho prácticamente. Carlos Fuentes se levanta y agradece los aplausos por su cumpleaños. Ha venido a Santiago de Chile para presentar su última novela, Adán en Edén, y los chilenos inflan el pecho con orgullo porque es el primer país en donde se comenta esta obra, contando, además, con la presencia de su autor.

¿Qué nos trae ahora Carlos Fuentes? El autor de títulos como La región más transparente o La silla del águila retoma en esta obra el tema del poder, pero desde la perspectiva actual mexicana. Para hablar sobre Adán en Edén, Fuentes citó durante casi toda su presentación a El Quijote de la Mancha, asegurando que Cervantes fue el inventor de la novela: “Estoy convencido de que la novela la inventa Cervantes y la inventa como un género de géneros, si uno ve bien en el Quijote hay la épica, una épica burlona, en la figura de don Quijote, pero para él no es una burla, para él es muy serio creerse un hombre héroe de caballería. Está la novela picaresca con Sancho, está la novela pastoral con Cardemio, está la novela dentro de la novela, el curioso impertinente, está la novela morisca, está la novela de la actualidad absoluta con el bandido y contrabandista de indias Roque Guinard, que era un hombre real de las noticias; incluso, hay un momento en que don Quijote y Sancho son espectadores de un combate naval en Barcelona. Cervantes entonces inventa la novela como género de géneros. Aquí cabe todo, se puede oponer el énfasis más en un aspecto que otro”. Y acto seguido Fuentes explica en dónde puso su énfasis: “Traté de poner el acento sobre la novela como su nombre lo indica: novela novelar, novela portadora de noticias y las noticias que se portan aquí, pues son noticas un tanto macabras, son noticias de la violencia, del crimen, del narcotráfico, de muchas cosas que nos están asolando en México. No quería hacer una novela de denuncia, una novela muy aburrida y pesada, y por eso traté de combinar el horror con el humor”.

Según Fuentes, en esta obra “hay un doble juego que lo permite la novela como género de géneros, que puede constantemente combinar y no está uno condenado a seguir una pureza cualquiera que sea en la novela; la novela es un género impuro, es un basurero de la literatura, pero de ese basurero vivimos todos”. Y todos ríen con esta última ocurrencia.

Adán en Edén es la historia de Adán Gorozpe, narrada por él mismo. Adán Gorozpe ha llegado a tener poder gracias a una unión matrimonial muy conveniente con Priscila, “princesa de la primavera” e hija del “rey del bizcocho”. Sin embargo, en un país asediado por todos los costados por el crimen, la corrupción y la violencia, aparece la figura de otro Adán, Adán Góngora, un policía corrupto que se ha ganado la venia de la opinión pública y viene a proponerle a su tocayo un negocio político que no podrá rechazar, pero que lo obligará a meterse de forma más profunda en el terreno del crimen y la violencia.

En esta obra el protagonista se cuestiona sobre la naturaleza de su poder, si será otorgado por otros o si lo tiene por sí mismo, pero también se pregunta por la naturaleza de la libertad, por el “espíritu libre”. Carlos Fuentes también dijo algo al respecto: “La libertad es una creación humana. Creamos la libertad en contra de todas las circunstancias, de la fatalidad, del puro estar, de la naturaleza, frente a todos estos hechos definitivos e implacables decimos ‘no’, el decir ‘no’ es la esencia de la libertad, poder decir no y no decirle sí a todo y bajar la cabeza. Es decir, ‘no, hasta aquí, este es mi espacio, esta es la libertad de nuestro pueblo, esta es la libertad de mi gente, esta es mi libertad, usted no la puede tocar, usted puede ejercer su poder pero con límites, hasta aquí, nada más’. Y esto es todo el problema de la dictadura que no quiere reconocer que haya límites al poder del Estado o al poder del dictador. En cambio, en un régimen democrático, que no es perfecto de ninguna manera, por lo menos hay gente que dice: hasta aquí llega el poder de ustedes y aquí empieza mi pobre miserable y pinche poder, pero que es muy mío no me lo quiten”. Nuevamente muchas risas.

También habló sobre su obra Diana o la cazadora solitaria, una de sus pocas novelas con un explícito contenido autobiográfico: su amorío con la actriz Diana Soren. Dice Fuentes: “Es cierto que mis novelas no son muy autobiográficas, finalmente trato de crear una distancia para poder ver con más claridad el mundo y los personajes que considero son más interesantes que yo y mi biografía. Esta fue una incursión biográfica, pero con un giro inesperado, espero, y es que el protagonista y narrador que tiene esta aventura es el perdedor, finalmente fracasa en su intento amoroso, queda ridiculizado y soy yo, queda aplastado, y soy yo, lo regresan a su casa, y soy yo. De manera que ahí no hay heroicidad alguna, es la condición para escribir esa novela para influir, fue decir voy a contar esta historia porque es interesante, pero a condición de ser muy sincero conmigo mismo y decir ‘yo fracasé en esa relación’ y es lo que voy a contar: la historia de una pasión y de un fracaso en el que el burro apaleado soy yo mismo, el narrador”.

Al final de la presentación, Carlos Fuentes fue invitado a leer las primeras líneas de Adán en Edén, para luego dirigirse al estand de su editorial y firmar libros y tomarse fotos con un séquito de lectores y admiradores, quienes lo habían esperado, ansiosos, desde muy temprano.

Fuente: El espectador.com
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lunes, 1 de marzo de 2010

Amor, pobreza y guerra


Christopher Hitchens
Los mejores artículos periodísticos del polémico Chistopher Hitchens.
Un antiguo proverbio dice que la vida de un hombre no es completa si no ha pasado por el amor, por la pobreza y por la guerra. En este libro de artículos periodísticos, Hitchens nos lleva de su amor por la literatura a sus viajes y encuentros en la América profunda, y de allí a los horrores de las guerras en Oriente Medio y la caída de las torres gemelas. Con la impertinencia y claridad que lo caracterizan, Hitchens comparte algunas de sus reflexiones e indagaciones sobre el confuso mundo contemporáneo.

Hitchens es el intelectual público más polémico de la actualidad.
Cuenta con una creciente base de lectores en España, tanto de sus libros como de su periodismo.
Este libro es una fascinante mezcla de temas.
«Sus aliados, de quienes me considero uno,
se regocijan en la certeza de sus objetivos.
Que sus blancos se encojan de miedo.»
Susan Sontag

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La Vida Fácil


Richard Price
Más allá de los géneros. Mucho más que una novela policiaca. La vida fácil es la historia de un crimen cometido en Nueva York y de sus consecuencias, centradas en los responsables del crimen, las víctimas y sus familias, los agentes de policía
que siguen con tenacidad los rastros que dejan las pruebas y que apuntan a las más remotas posibilidades, y el contexto bullicioso y caótico de un ambiente urbano exóticamente mixto para siempre amenazado por la venalidad, la violencia y la desesperación. La novela abre con un intenso mosaico de escenas paralelas que desembocan en la mañana del incidente.
La gran novela de Richard Price supera los límites de la historia criminal y muestra el mundo desesperado del Nueva York del siglo XXI, con una mezcla perfecta de jactancia y compasión.

Una novela que nada más salir se colocó en los primeros puestos
de la lista de best sellers de The New York Times.
La gran novela del siglo XXI sobre Nueva York, la ciudad del encuentro entre culturas y la desesperación.
Más de cincuenta páginas de interrogatorio trepidante. Price es considerado el maestro del diálogo.

«Por fin la novela que estábamos esperando sobre el
Nueva York del siglo XXI… Indispensable.» Gary Shteyngart
«Escrito con la precisión maniaca de aquel que quiere contar toda la verdad.»
The New York Times Book Review
«La obra maestra de uno de los maestros del noir urbano.»
Publishers Weekly
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Recuerdos de otra vida


Mary Higgins Clark
Una apasionante intriga judicial llena de trampas y de giros imprevistos: Mary
Higgins Clark, más inspirada que nunca.
Emily Wallace cree que el caso ya es suyo. Pertenece a la fiscalía, y debe demostrar que Gregg Aldrich ha asesinado a su esposa, una famosa actriz. Todo parece incriminarlo, un delincuente habitual ha confesado que Aldrich le pagó para cometer el crimen: el caso está ganado… Sin embargo, algo no encaja, y Emily decide investigar más a fondo, sin saber que con ello pondrá su propia vida en peligro.

Mary Higgins Clark, autora de gran éxito internacional, nos presenta una historia ágil, directa, magnética, cuyos capítulos cortos invitan a una lectura trepidante.
De sorpresa en sorpresa, el lector permanecerá en vilo hasta la última página, incapaz de adivinar quién es el asesino que amenaza a la protagonista.
«Escribir un best seller puede parecer fácil, pero ser la escritora que más vende es algo solo reservado para la reina del suspense: Mary Higgins Clark.»
Woman
«Indiscutible reina de las novelas de misterio.»
El Faro de Vigo
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El Oasis Secreto


Paul Sussman
Una apasionante aventura en torno a una legendaria ciudad oculta hace más de
2.000 años bajo la arena egipcia. Distintos tiempos y espacios, desde el Egipto del año 2152 a.C. hasta la estepa georgiana de 1988, confluyen en esta magnética aventura con una sólida base arqueológica. La aparición de una brújula soviética y de una libreta con extrañas anotaciones en pleno desierto coincide con el suicidio de la exploradora Alex Hannan. Ambas circunstancias parecen conducir hasta la mítica
ciudad de Zerzura, un tesoro arqueológico que encierra secretos
muy codiciados.
El enigma de Cambises (2003) ha vendido más de 250.000 ejs. y El guardián de los arcanos (2005) más de 100.000 ejs. entre sus ediciones de trade y bolsillo.
Sussman es un gran conocedor del Antiguo Egipto y participa asiduamente en importantes excavaciones.
Los lectores de Paul Sussman han tenido que esperar pero ha valido la pena. Nos encontramos frente a una excelente novela con una estructura en la que se entrelazan los distintos hilos de la trama, con personajes fascinantes y un argumento que atrapa
desde la primera página.
Para descubrir El oasis secreto no basta
con llegar a él. Hay que sobrevivirlo

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